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La Casta Vazqueña

 

Fue fundador de esta casta D. Gregorio Vázquez, vecino de Utrera (Sevilla), con reses desconocida procedencia. Años después se agregaron reses de Cabrera, que le proporcionó tamaño y peso, y la de Juan Becker, formada con vacas de Cabrera y sementales de Raso Portillo, que no se distinguía precisamente por su nobleza, sino por su sentido.

A su fallecimineto, ocurrido en 1780, se hizo cargo de la vacada su hijo Vicente José, el cual vio que su ganadría carecía de las principales cualidades que debe tener el toro de lidia: bravura y nobleza.

Por aquellos años tiempos había otra gnadería de reciente fundación que reunía todas las condiciones que le faltaban a la suya, pero aquí tropezó con el gran inconveniente de que a quien pertenecían estas excelentes reses era el conde de Vistahermosa, el cual no quiso venderle ninguna, no cediendo en su postura ni ante ruegos amistades, ni aún al fabuloso dinero que se ofreció por cada vaca. Ante esta contrariedad no se desanimó el Sr. Vazquez, y debido a sus grandes recursos, tanto económicos como de otra índole, decidió arrendar los diezmos con que contrubuían ganaderos y agricultores de algunos pueblos de la diócesis de Sevilla , forma de hacerse cn las reses deseadas. Para evitar un posible fraude, al recibir unas reses por otras, tomó toda clase de precauciones, llevando mayorales y expertos entendidos en ganadado bravo al sitio dnde tenían que hacerse los pagos con reses.

De nada sirvió al conde de Vistahermosa su deseo de no entregar nada mas que machos. Tuvo que ceder a la petición del arrendador de los diezmos, entregando también hembras.

Una vez en poder del Sr. Vazquez las añojas y añojos, hubp de esperar a que éstas tuvieran la edad necesaria para efectuar la tienta tanto a machos como a hembras. Contodas estas reses extremó la selección, no dejando nada más que aquellas que fueron superiores.

Al fallecimiento de D. Vicente José Vazquez en 1830, su testamentaría enajenó la vacada en cinco partes: una a D. Antonio Mera, quien ya poseía otro lote que adquirio al Sr. Vazquez en 1826; D. Francisco Talaviel de Andrade; D. José María Benjumea; D. Francisco Zuguiri y la parte más numerosa fue adquirida por D. Fernado Freire, en nombre del Rey Fernando VII, que trasladó la ganadería de Utrera, donde pastaban a Aranjuez.

Se hizo cargo de la ganadería, por mandato real, D Manuel Gaviria, en 1831, y efectuó un cruce de seis sementales de su gandería y cuantro de D. Julián Fuentes, del mismo origen jijón. El duque de Veragua, enemigo de cruces, se puso de acuerdo con Minguez el mayoral, y cuando empezaron a nacer las primeras crías del cruce fueron señaladas todas con otra señal distinta, por lo que al hacerse cargo de la vacada pudo eliminar fácilmente las que no eran puras de la casta Vazqueña, por la diferente señal de oreja.

Falleció Fernando VII en 1833, pasando la ganadería a la Reina Gobernadora, Dª. María Cristina de Borbon que cedió la Real vacada en 1835 a los Duques de Osuna y Veragua, quedando este último como unico propietario en 1849. A la Casa de Veragua se la compró en 1928 Mariano Martén Alonso, que la vende a Juan Pedro Domeq en 1931. Este la renovó en su practica integridad con sucesivos lotes de Vistahermosa.

La gran variedad de sangres utilizadas se refleja en la diversidad de capas que presentan los ejemplares de este origen, apareciendo reses ensabanadas, jaboneras, coloradas, castañas, cardenas, berendas, salineras, sardas, tostadas y también negras, aunque éstas son de claramente minoritarias.

El tipo de los toros vazqueños es bonito, siendo de talla media, anchos, de buen trapío, con las extremidades cortas, bien encornados y abundantes rizos en la cara y en el cuello.

En cuanto a su comportamiento, los ejemplares de esta procedencia tenían fama de ser muy espectaculares en el tercio de varas, aunque a aplomarse al final de la lidia, razon por la cual ha ido disminuyendo paulatinamente su oresencia en las ganaderías españolas.

Actualemente quedan ejemplares vazqueños en las ganaderías de Concha y Sierra y Prieto de la Cal, y en algunas en la Asociación Nacional de Ganaderías de Lidia, amen de aquellas de origen Vega Villar y que procecen de un cruce de vacas vazqueñas, de la antigua ganadería de duque de Veragua, con sementales de Santa Coloma.



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