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Encaste Contreras

 

Ejemplares bien enmorrillados, bajos de agujas y cerca de tierra. Suelen ser brevilíneos y elipométricos, presentando cierta variedad de perfiles, que generalmente son rectos o subcóncavos. Poco desarrollo de cuernos cornidelanteros o ligeramente veletos. Se caracterizan por la presencia de pintas negras, coloradas, castañas y tostadas acompañadas por los accidentales más comu nes (bragado, meano, listón, ojinegro, bociclaro y boci dorado) y siendo muy característico el salpicado.

El encaste Contreras se puede considerar como una derivación del de Murube, ya que la ganadería de Arias Saavedra, en su tercera parte sería adquirida por Dolores Monge Roldán, viuda de Francisco Murube en 1863; a su fallecimiento quedaría en manos de sus hijos Felipe, que vendería al año siguiente a Eduardo Ibarra, y de Joaquín que seguiría con el encaste. En 1907, Juan Contreras compra una parte de la ganadería murubeña a Tomasa Escribano, viuda de Joaquín, exactamente 90 vacas de desecho con los famosos sementales Aceituno, Manchonero y Ratón, que cuando fueron tentados tomaron 30 puyazos matando 15 caballos. Todo el ganado lo lleva Contreras a la finca extremeña La Giralda, donde dulcificó el basto tipo de Murube y su comportamiento, teniendo la ganadería durante 13 años.

Juan Contreras era muy amigo de Joselito, y el día que Bailaor, de la viuda de Ortega, mató a Joselito en Talavera, decidió vender la ganadería. La mitad la compraría Juan Sánchez, conocido como “Juan Terrones”, que vendería en 1951 a Manuel Francisco Garzón y la otra mitad pasa a los hermanos Sánchez Rico, comprando tras diversos repartos en 1942 Manuel González “Machaquito” y Juan Antonio Álvarez, los cuales llegaron a tener lo mejor del encaste. En 1953 comprarían los hermanos Peralta, en 1957 Baltasar Ibán y en  1966 D. Joaquín Rodríguez, propietario de Cortijoliva.

El toro de Contreras, por los años 20 y 60 tuvo un gran predicamento entre los profesionales; en la ganadería de Baltasar Ibán se hizo una prueba echando machos de Juan pedro Domecq y Los Guateles como fueron los sementales Sonajero y Peleón, de lo más puro de María Antonia Fonseca, a las hembras de Contreras, creándose un tipo intermedio, haciendo un tipo de toro especial de una bravura y movilidad extraordinarias.

El fenotipo poco tiene que ver con el Murube del que procede, pasando del pelaje mayoritario negro a haber colorados y castaños, entre otros accidentales, como bragado, meano, bociblanco, chorreado, etc., el perfil ya no es el acarnerado de Murube, hay perfiles rectos y algunos subcóncavos , son animales elipométricos, de cabeza chata y ojos grandes, hocico ancho, de cuello medio y morrillo desarrollado, bajos de agujas, de encornadura de desarrollo pobre, ensillados, de extremidades finas y cortas y largas colas.

Durante sus mejores años destacaron porque a pesar de no ser excesivamente acometedores en el tercio de varas, en la muleta desarrollaban gran calidad y picante, siendo necesario dominarlos y poderlos al principio, presentando por su fenotipo, problemas para lidiarlos en plazas de primera, aunque las figuras no le han hecho ascos en plazas de menor importancia.

Extracto del libro Bos Taurus, de Juan Carlos Navas Gómez (Libro editado por la Fundación Escalera del Éxito dentro de su colección “Sabios del Toreo” )

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